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El amigo de Creonte

Por: Fernando Hiciano



¿Por qué aumenta la faena a Creonte, cargando tus muertos por el Leteo, sin considerar que algún día la barca se hundirá en sus aguas purulentas? ¿Acaso, el dios Ares aconseja tu almohada, hiriendo la paz de Ucrania? ¿Dónde se quiebra el tiempo de tu ira? ¿Por qué las tardes huyen cuando se dibuja Putin en el humo del cañón? ¿Dónde están tus noches que fabricas y las conviertes en tinieblas? ¿Por qué buscas posada en los aposentos ajenos, tapando la luz del candelabro? ¿Por qué el silencio se amucha con el grito del fusil, imponiendo tu paz a fuerza del fuego? ¿Por qué los edificios no se rinden, a sabiendas que tu odio le volverá osamenta? ¿Es el momento de rendir homenaje a los caídos, esparciendo las cenizas en el cielo, si las aves también quieren ver lo que pasa en sus tierras ultrajadas? ¿Por qué la voz del pueblo no está quebrada en los escombros, ni el miedo nunca es su amigo? ¿Tú, hacedor de dolores, podrás siempre ocultar el día en tu pecho, abierto como un abismo, como las aguas sucias de las riadas? ¿Por qué las piedras no se te ofrecen como cantería para la construcción de tu base de la muerte? ¿Por qué se enroncha la cimiente de la tierra escupiendo su pecho cuando un solo soldado ruso pisa suelo ucraniano? ¿A dónde se queda el viento cuando espanta la mariposa con la pólvora? ¿Culpan los perritos, los verdugos de sus amos, que yacen bajo los escombros? ¿Por qué las pesadillas brotan de tu piel? ¿Quieren paz los difuntos, que pululan en los patios, viendo sus asesinos bebiendo vino en las cavernas? ¿Por qué el gorrión no se esconde detrás de sus miedos, cuando tus pájaros de acero se posan en sus nidos? ¿Por qué el fusil no puede volver escombro los sueños del ruiseñor, ni se doblan las campanas, ni se quiebra la mano que iza la bandera? ¿Tu ira podrá ocultarse en las tinieblas, cuando el sol salga y la piedra grite libertad en el pueblo? ¿Guardará la tierra su asombro, contemplando sus muertos sin tomar partida, dejando que sus lágrimas nublen el nuevo día? ¿Es hora de quedarse mirando el intruso haciendo añicos del sueño patrio y blasfemando la flor del jardín? ¿Por qué la calle guarda silencio, con el entrecejo fruncido cuando los tanques concluyen su obra? ¿Seguirá el río, ahogándose en las aguas, sin dar de beber agrazones al que hiere la justicia de su gente? ¿Temblará la bandera? ¿Temerá al ruido de la máquina de Putin, sembrando muertes en una patria ajena? ¿Por qué calla el ciprés? ¿Por qué el vuelo de las garzas se hunde en el abismo cuando la artillería visita sus aposentos? ¿El sol está llorando? ¿Por qué le niega su luz al que impone su propia vedad? ¿Hace frío, sin estufas, sin fogata, siendo hábitat del hielo? ¿Quién calienta la madriguera en estas horas oscuras? ¿Dios, por qué te queda callado? ¿Dónde está tu venganza? ¿Por qué permites estas horas amargas, si el inocente clama a ti, buscando una explicación que no está en su cabeza? ¿Qué hora es? ¿Por qué el tiempo es denso, es una roca sin palabra y sin miedo? ¿Por qué el odio visita la patria? ¿Por qué ofrece el lomo, sus habitaciones al intruso que blasfema el sueño? ¿Por qué los niños no se abrazan con temor en el regazo de su madre, si saben que sus padres están en la calle gritando libertad? ¿Tú, máquina del crimen, quién querrá estar tu alcoba en el último día y la última hora que se amucha, recibiendo lo mismo que abunda en tu corazón?

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