Análisis, Literatura

Los relatos malditos de Roa Ogando: Una crítica social simbólica

Por Leslie Ramírez

Reseña del libro “Cuentos del sinsentido”

Es la primera vez que tengo la dicha, o la desgracia, de leer un libro tan brutal, pero a la vez tan fenomenal como lo es “Cuentos del sinsentido” (2020) del autor y profesor dominicano Gerardo Roa Ogando. Cuando escuchas la palabra “cuentos” es posible que te lleguen de inmediato a la cabeza obras clásicas, tiernas, fantásticas e infantiles como Caperucita roja, La cenicienta, Ricitos de oro o Rapunzel; sin embargo, estos relatos son muy contrarios a lo convencional y se alejan de lo que es dulce y mágico. Los Cuentos del sinsentido son un conjunto de doce historias crudamente redactadas que transpiran realismo y están llenas del día a día del que nadie se enorgullece, del que pocos hablan y contra el que muchos, por no decir todos, luchamos. A través de sin tabúes, Roa Ogando nos regala la oportunidad de mirar la otra cara de la moneda y nos permite sentir la vergüenza, la tristeza, el coraje, el deseo, la impotencia, la inseguridad y la desesperación de sus personajes porque, de cierto modo, somos ellos. Pero… ¿Qué es lo que no tiene sentido?

En este trabajo haré una sincera reseña acerca de este peculiar libro y analizaré los cuentos que más me impactaron según los criterios aprendidos con el excepcional autor de este libro, que también tengo el gusto de llamar mi maestro, Gerardo Roa Ogando.

El sentido dentro de los cuentos del sinsentido

“Cuentos del sinsentido” (2020), del escritor y maestro Gerardo Roa Ogando, es eso mismo, un montón de cuentos complejos que parecen no tener sentido, donde sus personajes se ahogan en la desesperación, el pesimismo, la confusión, el enredo y en el sinsentido que terminan siendo sus vidas. Esta obra narra con verdades crudas historias tristes y, con un realismo extremo, uno que duele, revela el estado de un sinnúmero de cosas que están mal, que dañan y que no tienen sentido. Los cuentos están narrados en tercera persona y, aunque a veces el narrador parece ser omnisciente, también se muestra como un testigo cercano a lo contado.

La narración es lineal con toques retrospectivos y las oraciones y enunciados en su mayoría son cortos. Abunda la utilización de los puntos en vez de las comas y se percibe la mezcla un léxico culto, vulgar y, a veces, llano. El autor utiliza detalladas descripciones que le permiten al lector sentir, vivir, y me atrevería decir que incluso a olfatear, lo que está sucediendo. Las narraciones logran despertar sentimientos de nostalgia, miedo, repulsión, intriga e impotencia y cada cuento tiene el propósito de criticar, destapar o denunciar algo, por ejemplo: “El pedagogista” y “La asesina” señalan la pobreza del sistema educativo en la República Dominicana y descubre el estado mental y las ideologías arcaicas de muchos maestros inconformes con la pobreza de este.

En Cuentos del sinsentido no son las historias las que no tienen sentido, sino lo que sucede en ellas, es la ironía y las contradicciones que se plasman allí, los cambios drásticos, las incoherencias de pensamiento y carácter, la locura, la perversión que se apodera del individuo, los trágicos finales y la falta de esperanza en la que uno se sumerge al leer, somos nosotros. Creo que, si se estudia con atención, es imposible no identificarse con este libro y no encontrarles el significado a los sinsentidos. Basándome en el cuento de “La última gota”, la avaricia, el orgullo, la malicia, la enfermedad mental, la hipocresía, la injusticia, la arbitrariedad, la inseguridad, el conformismo y muchas otras cosas representadas en esta obra se asemejan a parásitos que devoran al hombre por dentro, que se propagan y afectan a más y más personas y que su resultado es la muerte, la muerte de conciencia, de empatía, de cordura y de amor. Por tal razón interpreto que 10 de los 12 cuentos terminan en muertes y que todo se engloba en lo antes explicado.

Los relatos del sinsentido de Gerardo Roa Ogando, como los llamó Plinio Chahín, posicionan al lector frente al telón de la verdad, de la vulnerabilidad y de la vergüenza. Todos hemos sido víctimas de los sinsentidos de la vida, de los deseos prohibidos, de las propias quejas e inconformidades, de la partida inesperada de un ser querido, de las ganas de desaparecer, de la imposibilidad de cambiar las cosas, de la vacilación y de las injusticias. No tiene sentido que vivamos para morir y no me refiero a cuando damos nuestro último respiro, sino cuando caminamos y actuamos y reímos y hablamos en automático mientras nuestro interior se va pudriendo por el sinsentido que es este mundo y nuestra mente se convierte en el mayor de los enemigos. Cuentos de sinsentido narra la ironía de querer lo imposible mientras ignoramos lo posible, lo que ahora es, lo que se puede mejorar. Este libro es un espejo.

Análisis del cuento “La asesina”

Este cuento narra la historia de Antoliano, un maestro frustrado por su pasado que termina en aquella profesión porque le enseñaron que era lo único bueno que podía hacer luego de no servir más para los deportes. Este hombre enseña con severidad y califica la inteligencia de sus estudiantes según la capacidad que posean de aprender y repetir, tal y como él explica, los términos impartidos en la clase.

La narración va de lineal a retrospectiva, nos habla de lo que pasa en el presente y luego nos remonta al pasado explicándonos las razones de la personalidad y actuar del profesor.

El autor utiliza oraciones cortas en su mayoría, muchos adjetivos y puntos para dividir los enunciados. En este texto podemos percibir más diálogos que en los demás cuentos ya que se desarrolla una interacción entre estudiante y maestro que es la que desata o, más bien, libera la locura reprimida del docente. Aquel hombre culpa a todo menos a él mismo por lo que el sistema educativo se ha convertido. Se niega a moverse con los avances tecnológicos y se aferra a un método de enseñanza poco efectivo con el paso de los años.

Este cuento hace alusión a la obsesión, a los excesos, al conformismo y a la terquedad. Antoliano representa la infelicidad, el estancamiento y la adicción. Su droga fue el magisterio y su perdición la errónea ideología pedagogista que se había implantado como chip en la mente. Su resistencia por cambiar, por adaptarse, por mejorar, por crecer lo llevó a un estado mental crítico y enfermo, donde vivía para lo que él creía que era únicamente útil. Las detalladas descripciones que brinda el autor nos permiten adentrarnos en lleno en la historia, sintiendo con el protagonista, entendiendo al protagonista, juzgando al protagonista, odiando al protagonista y, tal vez, identificándonos con él.

Es cierto que el sistema educativo actual y su plan curricular en la República Dominicana no es el mejor de todos. Me atrevería a decir, según lo interpretado en este cuento, que es menos exigente y le brinda muchísimas facilidades a los estudiantes que son tomadas como oportunidad de ocio y no de crecimiento. Sin embargo, quejarnos de esto no arreglará nada y rechazarlo no provocará un bien mayor o una revolución que tornará todo un régimen. Lo mejor es trabajar con lo que se tiene en las manos y como maestro, encargado de los profesionales del mañana, enseñar por vocación y por amor.

Hacer lo contrario llevó a Antoliano al precipicio, se volvió loco y terminó no soportándolo. Se quitó la vida. La sucesión de los hechos es incómoda y trágica, pero nos abre los ojos ante los sinsentidos del hombre, ante la contradicción en la que vive y ante el poder mortal que posee la mente. El autor nos permitió sumergirnos tanto en el psiquis de aquel frenético maestro que incluso leer sus pensamientos irracionales e intrusivos se sintió fatigoso y desesperante. En lo personal, este cuento me atrapó desde el primer párrafo y me dejó algunas enseñanzas: que siempre se haya hecho algo de cierta manera no significa que esté bien, debemos controlar nuestra mente para que esta no nos controle y que es válido que los pájaros vuelen sobre nuestra cabeza, pero debemos evitar que hagan nidos sobre ella.

Análisis del cuento “El arquitecto”

Este cuento narra la historia de un joven arquitecto que desde niño mostró su afición por el diseño y la forma de las cosas a su alrededor. Luego descubre lo bueno que era para la vocación que eligió y se gradúa con honores, prometiendo un gran futuro para él y su familia. El nudo del relato se da cuando este muchacho no recibe trabajo debido a que se le exige experiencial laboral, a un chico recién salido de la universidad, y esto lo guía a tomar decisiones que determinan el resto de su vida. ¿No te parece esto conocido?

El autor utiliza mucho las figuras retóricas en este y los demás cuentos, dándome cierta vibra de escritura barroca y culteranismo, tales como el pleonasmo (“Lo soñaba en su mente sin lucero.”), la metáfora (“Tendría que entregar su alma al diablo.”), la onomatopeya (“rin, rin, rin.”), el empleo excesivo de la elixir (“Después de haber gastado todo, endeudado hasta su cuello. Brindando un servicio noble. De hecho, lo hacía.”), etc. Los enunciados siguen siendo cortos en su mayoría y la narración es lineal en la tercera persona del singular en tiempo pasado.

“El arquitecto” representa al joven dominicano promedio, lleno de sueños y de metas que le son arrebatadas por su ruin país. Este hombre tenía el mundo por delante y el talento necesario para triunfar y enorgullecer a su familia, pero le faltaron oportunidades, más bien, se las robaron. El autor describe el sufrimiento y la desesperación de aquel muchacho, quien hizo lo mejor que pudo y confió en el Estado solo para ser engañado y abandonado a su propia suerte. No me imagino lo que es no tener nada, pero he visto a mis padres preocupados por dinero y por trabajo y me llena de rabia que en su país sea tan difícil vivir dignamente.

El sinsentido de este cuento es la paga que se le da a la honradez, a la inocencia, a la ilusión, al trabajo duro y a la confianza. Ese pobre muchacho se endeuda con la expectativa de conseguir, con su esfuerzo y la ayuda del gobierno, más. Sin embargo, termina siendo timado por quienes deberían cumplir las leyes y velar por sus ciudadanos, especialmente por los jóvenes, quienes representan el futuro no de la nación, sino del mundo entero. Pudiésemos decir que el arquitecto tuvo mala suerte, que Dios no obró en su favor, pero si lo analizamos con detenimiento, la culpa fue de otros que procedieron con maldad. Y esto me hace pensar en el poder que ejerce el entorno en nuestro porvenir y en la hipocresía del sistema.

Roa Ogando revela en este cuento una realidad social del pueblo dominicano con la cual me identifico porque puedo ser yo o algunos de mis hermanos y amigos, porque temo por mi futuro y no tener las oportunidades para ser exitosa, o para al menos vivir tranquila.

Me identifico porque he pensado en emigrar y envidio lo que los jóvenes tienen en otros países, donde mi carrera (literatura) es prestigiosa y con un amplio campo laboral mientras que en mi país quieren encerrarme únicamente en el magisterio.

La cruda sucesión de los hechos, gracias a las descripciones del maestro, pude sentirlas en lo más profundo de mi alma. Qué sinsentido es que nos eduquen para escapar y no para mantenernos. El fin del arquitecto fue muy trágico, pero se necesita fuerza para soportar tanto, tanta amargura, impotencia e iniquidad. Jóvenes, no somos el problema.

Conclusión

“Cuentos del sinsentido” es, sin duda alguna, una joya oculta para la sociedad dominicana. A pesar de que no es un libro de sencilla lectura, es edificante y a la vez demoledor para quienes logran entenderlo y apreciarlo. Dejémonos de los sinsentidos, aprendamos a actuar con coherencia, a aceptar lo que es y a cambiar de forma positiva lo que nos sea posible. Esta obra me hizo sentir un manojo de emociones que intenté plasmar con palabras en este documento, pero no bastó.

Concluyo mi trabajo con un fragmento del proemio que logra resumir, en mi opinión, perfectamente el mensaje de este impactante libro: […]el mejor modo de vivir debería estar libre del resentimiento, del odio, de la envidia, del rencor, de la insensatez, de la prepotencia, de la arrogancia… En cambio, el camino del bien social debería estar colmado por la humildad, la modestia, la empatía, la indulgencia, la generosidad, la honradez, la honestidad, la integridad, la compasión, la solidaridad, el voluntariado, el perdón, la responsabilidad, el respeto, la sinceridad, la transparencia, la sensibilidad, y otros valores que la escuela ha eliminado de sus diseños curriculares oficiales.”

Gracias, Gerardo Roa Ogando (mi maestro), por ser tan valiente para desmentirnos.

Leslie Ramírez

Escritora y estudiante de literatura Santo Domingo, 2000. Actualmente estudiante de Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Ama leer y escribir, especialmente en prosa. Autora publicada, con obras en inglés y español, en la aplicación internacionalmente reconocida “YouVersion” (reflexiones y devocionales). Disfruta las obras de romance, de época y de autoayuda.