Cultura

Día de San Andrés, entre harina, huevos, agua y baile blanco, que no muera la tradición.

Por: Jonathan De Oleo


Hoy 30 de noviembre, es el día de San Andrés, una fecha que años atrás celebraban jóvenes y adultos en pueblos y barrios del país. Es un día de recreación con juegos y bromas tradicionales, una fecha especial para tirar agua, harina, polvo talco y huevos, pero ahora pocos la recuerdan y otros ni se dan por enterados. Nosotros desde este espacio lo ponemos en valor para que no muera la tradición.

¿Quién fue San Andrés?

El Nuevo Testamento en la biblia, indica que Andrés era hermano de Pedro, ambos hijos de Jonás. Según el Evangelio de Juan, los apóstoles Pedro, Andrés y Felipe eran de Betsaida (Juan 1:44), una localidad junto al Mar de Galilea. Según Juan el Evangelista, al principio Jesús se fue a vivir con sus discípulos a una casa en Cafarnaúm, donde estaban su madre, María, y sus hermanos (Juan 2:12).

Andrés y Pedro eran pescadores. Según los evangelios de Mateo y Marcos, Jesús les hizo sus discípulos diciéndoles que les haría «pescadores de hombres».

En el Evangelio de Mateo (Mateo 4:18-22) y en el Evangelio de Marcos (Marcos 1:16), Pedro y Andrés fueron hechos juntos discípulos de Jesús cuando pescaban con su red en el Mar de Galilea. El nombre hebreo Cefas, el nombre griego Simón y el latino Pedro significan roca.

A San Andrés se le suele representar crucificado en una cruz en forma de X. Así se puede apreciar, por ejemplo, en el cuadro Martirio de San Andrés de Bartolomé Esteban Murillo o en el cuadro del mismo nombre de Rubens. Caravaggio, no obstante, lo representó en una cruz normal.

El 30 de noviembre en países como Bulgaria se venera cada año la memoria del santo que se presenta crucificado en una cruz con forma de X.  La Iglesia Ortodoxo lo honra por ser el primer elegido por Jesucristo.

San Andrés en la 21 División Dominicana

La devoción a San Andrés en la 21 División Dominicana, se sincretiza con Simbí Anderson, que es el jefe de la división Simbí, una de las 21 división conocida en la Religiosidad Popular Dominicana y su sincretismo practicado por el pueblo. 

El Vudú Dominicano está en nuestro pasado africano. Ahora es un presente que conquistó con astucia su propio espacio y que se proyecta, indefectiblemente, hacia el provenir eterno de nuestra mitad de isla. El Vudú se practica hoy en todo el territorio nacional. Existe ahora cierto nivel de tolerancia de parte de nuestras autoridades políticas y eclesiásticas que ven el fenómeno en su justo contexto cultural.  Aún falta desentrañar misterios y conceptos del Vudú criollo. Todavía no podemos precisar, con indiscutido rigor, quiénes son realmente estas entidades: ¿Primitivismo ancestral que habita dentro de nosotros? ¿Una generación atrapada entre dos universos paralelos? ¿Acaso seres que encontraron una ventana abierta para transitar entre el mundo de los muertos y el de los vivos? (Cruz, Giovanny 2012).

San Andrés y la tradición que va perdiendo vigencia 

Los que vivieron esta maravillosa experiencia describen la tradición como una fiesta sana que esperaban con ansias, sin embargo, muchas veces terminaba en desorden, pleitos y enfrentamiento entre grupos, nos manifiesta doña María Guerrero, cariñosamente (Lala), a quien preguntamos sobre la celebración en su barrio de Simón Bolívar en la zona norte del Distrito Nacional, sector al que llegó desde el pueblo de Nizao, a los cinco años con sus padres y dos hermanos. 

Para muchos que vivieron su infancia y juventud en los años ochenta y principios de los noventa puede que la experiencia de ser víctimas de un ataque con huevos de gallina o harina los 30 de noviembre no sea de muy grata recordación. 

Un servidor recuerda aun a inicio de los años 2000, en el barrio donde viví, que para la ocasión algunas personas mantenían la tradición, de manera particular con el uso del agua y la harina, a mí me tocó, llegar a casa de mi abuela paterna bañado de agua y harina con el uniforme, y ya saben lo que significó llegar así, con esa doña y ese uniforme en esas condiciones, pero no pude escapar, me toco al salir del colegio, hoy lo recuerdo con jocosidad, alegría y añoranza. 

El autor del libro: “El Juego de San Andrés: Génesis evolución y feliz ocaso”, Santiago Castro Ventura, manifiesta: “Es una tradición añeja cuyo recuerdo no debe zozobrar en el muladar de la historia”. 

¿Cómo llego la tradición a la isla?

Esta tradición llegó a la isla, traída por los colonos españoles desde el siglo XVI, siguiendo una tradición hispana que asignaba el 30 de noviembre para el inicio de los aguinaldos que se manifestaba con el enfrentamiento de bandas juveniles a pedradas (Castro, 2016).

Otro elemento importante de conocer sobre esta fecha, es que La Real Audiencia de Santo Domingo utilizaba la tradición para disimular la grave crisis económica que existía en la isla, para ese entonces. 

El libro del juego de San Andrés, describe como esta festividad por su peligro extremo llegó a convertirse en uno de los más importantes acontecimientos en el siglo XIX, hasta su control a principios del siglo XX.

Investigadores que han trabajado el tema, describiendo la ocurrido cada 30 de noviembre, plantean que era una odiosa diversión, existente desde los tiempos de la antigua colonia de Santo Domingo bajo la jurisdicción de España, hasta la etapa republicana a principio del siglo veinte, cuando fue prohibido en sus manifestaciones más agresivas, siendo reemplazado por el baile blanco de San Andrés. Este baile se llevaba a cabo en diferentes ciudades del país y sectores de la capital como Ciudad Nueva. Un aspecto más fastidioso era involucrar a personas ajenas a la morbosa al famoso juego, que dejaba heridos y hasta familias enemigas. Se resalta que los gobiernos de Báez y Lilís promovían la agresividad y el miedo a la población usando las travesuras del día, para distraer la población de los graves problemas políticos sociales y económicos de esos gobiernos, desde días anteriores a la fecha, la población estaba atenta a las tragedias que podían ocurrir con esos juegos tediosos en cada año.

De acuerdo al artículo escrito en Listín Diario, por Alexéi Tellerías titulado «Lanzar huevos, harina, almidón y otras aguas”, este establece: «Durante un día de San Andrés, Ulises Heureaux (Lilis) iba por una de las calles de la capital dominicana. De repente, al pasar por un grupo que jugaba San Andrés, fue salpicado por gotas de aguas no tan puras, según dijo el historiador Román Franco. Lilis, al ser alcanzado por este líquido, mandó a comprar todos los perfumes y polvos con buenas fragancias en existencia en aquella urbe y ordeno entregar al pueblo, para que jugara con tales artículos en vez de usar huevos y demás elementos”.

Otro trabajo consultado para la redacción de este trabajo y que relata con mucha claridad lo que ocurría para la fecha en cuestión, es: «La Guía de Anécdotas, cuentos, crónicas y leyendas de la Ciudad Colonial de Santo Domingo”, de Kin Sánchez, publicado en el año 2011, donde establece que a pesar de que, presuntamente, Núñez de Cáceres se oponía a esa costumbre, conocida en sus primeros años como «Carnavales de Agua”, el 30 de noviembre de año 1821, habría permitido a su hijo usar su carruaje para el traslado de la cascarones de huevos.

Los divertidos jóvenes recorrieron toda la ciudad lanzando cascarones y recibiendo cataratas de agua de los balcones, En múltiples ocasiones volvían a la casa de don José para recargar más cajas de cascarones y dirigirse a otros puntos de la ciudad detalla la Guía. Agrega que, de acuerdo al relato, los jóvenes circulaban ante la “indulgente mirada del ejército español que no sospechó, ni por un momento, que en realidad estaban distribuyendo cajas de armas y municiones ocultas debajo de las cajas de cascarones.

El relato concluye diciendo que esta estrategia habría permitido a los seguidores de Núñez de Cáceres tomar la Fortaleza Ozama y la proclamación de la independencia del 1 de diciembre de 1821.

San Andrés y la fiesta blanca o baile blanco 

Los principales clubes sociales, casinos, parques y salones de eventos, el 30 de noviembre en la noche eran abarrotados por las familias de renombres de las diferentes ciudades y pueblos del país, con la finalidad de participar en la fiesta blanca o baile blanco de San Andrés. 

Era un acto de gala, donde se hacía coronación a las señoritas de los pueblos y este se realizaba cada año. De acuerdo a informaciones recabadas por un servidor, encontramos evidencias de que la fiesta blanca se celebraba en Santo Domingo, Santiago, La Vega, San Pedro de Macorís, Barahona, Dajabón y Hato Mayor. Pero de un tiempo a esta parte, esa celebración cayó prácticamente en el olvido.

En la investigación que realizamos sobre el tema, nos encontramos con la publicación de dos trabajos valiosos, publicado por el periódico El Caribe, el 10 y el 17 de febrero del 2018, titulado: «Bailes Blancos de San Andrés I y II”. La periodista Sergia Mercado, es la autora del artículo, que establece: 

Esas noches sociales las inició doña Amada Nivar de Pittaluga, presidenta del Consejo Nacional de Mujeres en los años 50, quien realizaba este evento pro recaudación de fondos para los necesitados. La actividad se denominó “Baile Blanco de San Andrés”, y fue muy popular y acogido por la alta sociedad del país, y en sus celebraciones eran elegidas varias jovencitas para concursar por el título de reinas del mismo. Para iniciar con la fiesta, se realizaba un desfile de cortejo de princesas, desde un punto céntrico hasta el lugar en donde se realizaría el evento, que regularmente se celebraba en el Hotel Jaragua o en el Casino de Guibia. La celebración tuvo lugar en dos etapas, de acuerdo a la investigación realizada. Fin de la cita.

Se hace necesario poner en valor estas tradiciones, que forman parte importante de nuestra identidad, de la vivencia y la cultura del pueblo, de esa cultura oral que vivieron nuestros abuelos y abuelas. Con este articulo busco ponerla en valor la celebración de esta fecha con su particularidad y sus hechos folclóricos, con la finalidad que se pueda recrear, sobre todo para que las nuevas generaciones sepan de ella, la conozcan y la disfruten como lo hacían en otros tiempos, aun añadiendo elementos de estos tiempos, ya que sabemos que la cultura se transforma por la necesidad del individuo. 

¡Que viva San Andrés y su celebración identitaria y que no muera la tradición!

Jonathan De Oleo Ramos

Dominicano, estudiante de la Maestría Conducente a Doctorando en Educación con Orientación a la Investigación, Docencia y Liderazgo. Master en Neurocoching Educativo, Neuropsicología Infantil e Innovación Social. Especialidad en Didáctica de las Ciencias Sociales y Ciencias de la Complejidad, Postgrado en Políticas Culturales, Arte y Folklore Dominicano y Estudios Afrolatinoamericanos. Con formación en Supervisión, Didáctica, Gestión y Planificación Educativa, Enfoque por Competencias, Desarrollo Directivo y Organizacional, Gestión Pública, Gerencia de Proyectos, Pedagogía Sistémica, Derechos Humanos, Etnografía e Investigación Social. Profesor, Periodista, Gestor Cultural, Investigador, Folclórico y Cultural. Analista, Articulista y Escritor. Conferencista y Facilitador en eventos académicas y culturales, con temáticas vinculadas a su línea de investigación antroplogica. Ha recibido reconocimientos de instituciones su país y el exterior, por su experiencia, aportes, dedicación, formación y trabajos destacados.