6 razones por las que las mujeres deberían estudiar teología

6 razones por las que las mujeres deberían estudiar teología
Tiempo de Lectura: 4 Minutos

Por: Enmanuel Peralta


Mis amadas lectoras: 

 1. Conocer a Dios. Muchos libros y ministerios de mujeres se enfocan en la «vida cristiana práctica» que con demasiada frecuencia está divorciada de la doctrina que nos brinda profunda reflexión personal, a partir de la cual podemos extraer principios,  en lugar de buscar solamente libritos que nos proporcionen  una guía para lograr ciertos objetivos en el campo del ministerio que ejercen las mujeres. 

  Somos creados y redimidos, hombres y mujeres,  para conocer a Dios, y amarle ante todo.   Esta es la esencia de la vida eterna (Juan 17:3).  Somos hijos de Dios, adoptados en su familia real.  ¿No tendría sentido conocer a nuestro padre lo mejor que podamos?  Pedro nos llama a crecer en la gracia y el conocimiento de Dios (2 Pedro 3:18).  ¿Quieres conocer a Dios?  Entonces usted debe ser un teólogo.  Esto no significa que tengas que estar a la altura de un santo Tomas de Aquino,  sino que para un ministerio fructífero y un ejercicio pleno del ministerio de las mujeres en la Iglesia,  deben esforzarse por conocer a  Dios lo mejor que puedas.  Si no lo hace, ¿se está robando a sí mismo el conocimiento de Dios y es muy probable que desarrolle erróneas doctrinas y erróneas prácticas en el camino? 

 Si no escuchas la teología, eso no significa que no tienes ideas acerca de Dios.  Significa que tendrán muchas ideas que podrían estar muy  equivocadas o simplemente poco profundas acerca de los distintos ministerios que pueden ejercer las mujeres en la iglesia: ideas malas, confusas y obsoletas.  – C. S. Lewis. En los nuevos tiempos donde las mujeres reclaman más que rezar, se necesita entrar más profundamente en los campos teológicos y en el ejercicio pleno de la reflexión sobre la fe para una práctica pastoral mucho más profunda y menos difusa, desintegrada y compleja. Más aún evitar la mezcla de las “corrientes modernas” de la mujer en el ejercicio de los ministerios de la iglesia. 

 2. Para manejar las dificultades de la vida. La vida práctica fluye de nuestra teología, nos demos cuenta o no.  Esto es especialmente cierto en lo que respecta a cómo manejamos los días difíciles.  La forma en que pensamos y respondemos a la forma en que nuestros hijos discuten entre sí o nos desobedecen , cómo interactuamos en nuestros matrimonios, cómo manejamos las tensiones financieras, las enfermedades y las tragedias, fluyen directamente de nuestra teología, y  está directamente influenciada por lo que creemos acerca de Dios y la forma en que practicamos la “lex credenti”… ¿Está Dios en esta oscuridad?  ¿Tiene un plan?  ¿Todavía me ama?  ¿Está enojado?  ¿Él todavía tiene el control?  ¿Qué quiere él de mí en esto?  Esto es teología. Pero no se reduce al plano personal, ni siquiera al género. Más la teología no es antropológica femenina, sino que es en primer lugar, reflexion sobre Dios. 

 3. Dar respuesta a lo que creemos. Se nos dice en 1 Pedro 3,15 que debemos “dar razón” de lo que creemos.  Sin teología no podemos responder las grandes preguntas sobre la vida, la muerte, el sufrimiento y el propósito desde un punto de vista cristiano  Esas son preguntas teológicas.  Tampoco podemos compartir el evangelio aparte de la teología.  Hablarle a la gente acerca de Jesús  en plenitud, es un discurso teológico.  Consideren que están llamados a dar testimonio de un salvador resucitado, y forman parte de un pueblo que fue creado para proclamar las excelencias de Dios. Sin conocer las maravillas de Dios a profundidad no se puede ejercer el ministerio. Mínimo hay que estar en camino a un estudio de la teología. 

 4. Obedecer las Escrituras.  Estamos llamados a amar a Dios con todo nuestro corazón, fuerza y ​​mente.  (Jeremías 9,23-24; Mateo 22, 37) Para amar a Dios con tu mente necesitas saber quién es él y lo que ha hecho.  Cuanto más profundicemos en “su carácter”, más crecerá nuestro amor por él.  Un corazón frío suele ser el resultado de una falta de mediación en las cosas de Dios. En su amor infinito. 

 5. Para fortalecer la adoración.  ¿Cómo podemos alabar a Dios cuando no sabemos mucho acerca de él?  ¿Cómo podemos cantar de su bondad si no sabemos lo que es?  En la adoración colectiva o en la adoración privada, cuanto mejor sea su teología, más fuerte será su alabanza.  Estamos llamados a adorar a Dios en espíritu y en verdad.  Esta “verdad” se encuentra en el estudio de su palabra (Jn. 4:24). La teología es un campo de descubrimiento de ese amor que en él devenir de la Historia humana, y particularmente manifestado en la vida de cada mujer sin importar su nacionalidad o condición social. Incluso, la mujer adultera, después de aquel encuentro con Cristo, tuvo no sólo un “estudio teológico”, sino una experiencia profunda que a través del estudio toda mujer profundizará.  El estudio del objeto amado es el siguiente paso de una experiencia religiosa. 

 6. Para mantenernos humildes. El orgullo es una forma de hacernos pensar que lo tenemos todo resuelto.  Pero cuanto más estudiamos a Dios en todas sus diferentes facetas, empezamos a ver cuán grande es él y cuán pequeños somos nosotros.  Cuán santo es él y cuán contaminados por el pecado estamos;  cuán amable, gentil y bueno es en comparación con cuán mezquinos, fáciles de enojar e impacientes somos nosotros.  La teología mantiene a una mujer humilde.  Si no, lo está haciendo mal. “Hay algo sumamente mejorador para la mente en el estudio de la Divinidad.  Es un tema tan vasto, que todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad;  tan profundo, que nuestro orgullo se ahoga en su infinitud”.  – CH  Spurgeon. 

 La teología es extremadamente importante y profundamente práctica.  Determinará cómo manejas las cosas ordinarias de la vida.  Será la fuerza impulsora detrás de tu adoración.  Y aumentará tu agradecimiento.  Lo más importante es que te revelará la grandeza y la santidad del Dios que te hizo y te cuida.

“Una mujer cristiana debe ser una cristiana madura. Una mujer necesita tanta teología como un hombre. Una mujer crece en Cristo al igual que un hombre: a través del conocimiento de la palabra de Dios, a través de la oración, a través de la Gracia de Dios”.

—Paul Washer


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