Nietzsche: «Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado»

Nietzsche: «Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado»
Tiempo de Lectura: 6 Minutos

Por: Edwin J. Peña


«Dios ha muerto; ahora nosotros queremos que viva el superhombre» [1].

«Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado» [2].

La muerte de Dios es el mensaje más inquietante y decisivo de la obra de Nietzsche. En la concisa y terrible expresión «Dios ha muerto», el autor concentra todos los motivos básicos de su visión sobre la decadencia de nuestra cultura, con una amplitud y una radicalidad inédita hasta ese preciso momento [3]. Hace falta ponernos en contexto para comprender lo que significa la muerte de Dios. En el siglo XIX, la religiosidad en el hombre occidental había pasado a un segundo plano, los hombres ahora estaban ocupados en sus quehaceres y actuaban como si Dios hubiese muerto; a lo largo de la historia, Dios había sido el punto de referencia del individuo occidental. Casi sin darse cuenta, los occidentales habían matado a Dios, expulsándolo poco a poco de su pensamiento y cultura. Es así como llega lo que Nietzsche describe como el tiempo del último hombre, es decir, el hombre contemporáneo, el hombre nihilista, cínico, que ya no cree en nada, que está desengañado respecto de todo valor y sentido, es el hombre que vive con indiferencia, que es incluso incapaz de desprecio, ya nada le afecta, nada le importa, ni siquiera la vida, ni sí mismo, es por eso que esta situación debe ser superada. Dios había sido hasta entonces el centro de la existencia humana, y una vez muerto, debemos sustituirlo por un nuevo ideal, necesitamos otro centro de gravedad que dé orientación a nuestras vidas y la justifique: «Deseo mostrar a los hombres el sentido de su existencia, que es el Superhombre, el rayo que surge de la nube sombría que es el hombre» [4] [5] [6].

La muerte de Dios —a diferencia de lo que muchos podríamos llegar a pensar—, no se trata del asesinato de una entidad metafísica llamada Dios. Más bien se trata del fin de los valores que rigen a la sociedad, en pos de una nueva búsqueda de valores que puedan servir como marco referencial para el individuo y la sociedad contemporánea. La muerte de Dios viene a ser la realidad de la muerte del monoteísmo cristiano y la metafísica dogmática. Al caer Dios y la metafísica tradicional, los valores asociados a ellos no podían subsistir, no encontrarían justificación trascendental alguna. Al verse carentes de fundamentos, el viejo orden está quebrado en sus mismos cimientos y es imposible mantenerlo artificialmente de pie por mucho tiempo. Así, su anuncio «Dios ha muerto» no era tan solo una afirmación de su ateísmo, sino también la declaración de que todo lo que se había construido sobre los cimientos del deísmo se estaba derrumbando. Si la cultura y la civilización enteras, basadas en el cristianismo, carecen de base, se hace necesario revaluar todos los valores. Nietzsche creía que los valores de la civilización occidental eran erróneos. Los consideraba distorsionados por el legado judeocristiano. Su crítica no iba dirigida solo hacía el cristianismo, sino a aquellos filósofos que habían aceptado gran parte de la perspectiva moral del cristianismo, y buscaba una justificación independiente que no requiera una base deísta [7].

Zaratustra —el profeta nietzscheano que anuncia la llegada del superhombre— no llega con la intención de matar a Dios por considerarlo obsoleto, pues ya nosotros lo hemos matado, sino que él plantea superarlo mediante un nuevo sistema de valores, uno que propone creer en algo más real y productivo, y que sustituya ese lugar que ocupaba Dios en nuestras vidas y que ahora yace muerto por nuestra culpa: «yo predico el Superhombre. Yo anuncio al Superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Quién ha hecho algo para superarlo?» [8]. El hombre debe asumir las consecuencias de la muerte de Dios, ya que, al morir Dios, los pocos valores vigentes que quedan, se derrumban solos o son destruidos por el mismo hombre, Zaratustra promulga que la superación de este nihilismo solo se producirá cuando el Superhombre logre imponer nuevos valores. Una vez que los hombres sustituyan los viejos valores por los valores del Superhombre, este pasa a ocupar el lugar de Dios, pues estamos ante un legislador que crea sus propias normas, tanto morales como de cualquier otro tipo.

De las consecuencias de la muerte de Dios, se origina en cierto modo el nihilismo moderno u ontológico, pues, es esto precisamente lo que Zaratustra anuncia que debe ser superado, matando en nosotros aquello que queda del viejo hombre y abrir camino hacia un nuevo hombre que ama la vida, el mundo que le rodea, sometiendo todo a su voluntad y que no se arrepiente de nada, de modo que la vida del hombre es un camino, un tránsito hacia una vida más plena representada por el Superhombre, aquel que ha logrado superar la muerte de Dios y la moral esclava de las religiones. El Superhombre por tanto ya no vive en función de una vida en el más allá, ni de ideales trascendentales, sino que rompe todas las cadenas que lo atan a las tradiciones y proclama una vida libre de prejuicios y en la más absoluta libertad, incluso para crear sus propias normas morales.

Cuando la humanidad toma conciencia de la muerte de Dios, el ser humano ha queda temporalmente desorientado, y siente que su vida ha perdido el rumbo y el sentido. Por lo tanto, los seres humanos se llenan de resentimiento, el cual, según Nietzsche, encuentra su prolongación en la mala conciencia y el remordimiento, pues, ambos son frutos de la necesidad humana de depender de algo. Pues, el cristianismo y todo su sistema de valores se sustenta en una moralidad erguida en la mala conciencia y el remordimiento, pues, inventa la idea del pecado para acusar a la vida de ser siempre culpable. Esta nueva filosofía propuesta por Nietzsche, condujo a una nueva antropología, una nueva forma de entender al ser humano. Tras la muerte de Dios, sería el “Superhombre” quien suplantaría el vacío dejado por la divinidad, siendo el responsable entonces de reafirmar nuevos valores que conduzcan el eje de nuestras vidas [9][10].

Fuentes:

[1] F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, El hombre superior II, pág. 274.

[2] F. Nietzsche, La gaya ciencia, http://www.librear.com, sección 125, pág. 81.

[3] Antonio Pintor-Ramos, Historia de la filosofía contemporánea, Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 2002, pág. 138.

[4] F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, Prologo VII, pág. 22.

[5] El Superhombre para que lo entiendas fácil, Adictos a la filosofía, canal de YouTube.

[6] Joseph Mendoza, Escuela filosófica de la Antigüedad y la modernidad, manual para dar clases en la UASD, pág. 212

[7] A. C. Grayling, Historia de la filosofía, Editorial Planeta, España, 2021, pág. 419.

[8] F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, Prologo III, pág. 14.

[9] Luis O. Brea Franco, Claves para una lectura de Nietzsche, Academia de Ciencias de la República Dominicana, Santo Domingo, 2003, pág. 235.

[10] José Rosario J., La filosofía en su diversidad, Santo Domingo, 2001, pág. 204.


2 respuestas a “Nietzsche: «Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado»”

  1. ¡Gracias por hacer esta lectura tan facil! Siempre quise aclarar este concepto pero las lecturas del tema se me hacían súper pesadas. Ya me suscribí para seguirte leyendo.

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